Eran tiempos extraños, en los que el tiempo pasaba muy despacio. Eran tiempos de inocencia, alegría e inconsciencia. Tiempos en los que la vida parecía sencilla ante ojos ajenos. Tiempos en los que una sonrisa valía más que mil palabras.
Solía decir que ella nunca cambiaría, que el tiempo no pasaría por ella, que seguiría siendo la misma. Le gustaba pensar que las cosas serían así, que el futuro sería tal y como ella se imaginaba. Ingenua.
Su vida había resultado fácil, incluso, para una persona como ella. Una vida normal, como la de la gente corriente. Como todas. Aburrida, incluso. Fácil, al fin y al cabo.
Ella era alegre y seria a la vez. Se lo tomaba todo con humor, para no tener que llorar. Pero lo cierto es que lloraba, lloraba mucho. Era una persona sensible. Muy sensible. Y tal vez, eso le hacía única.
Ella no sabía como sería su futuro. Nadie puede saberlo. Pero sabía que ella no cambiaría.