lunes, 20 de diciembre de 2010

Uno.

- Mart, cuando quieras sales eh.
- ¡Ya voy, joder!

Martina sabe que no va a salir ya. Que aún le queda un rato. Se vuelve a morjar la cara con agua. Respira hondo. Esto no me puede estar pasando a mí, piensa. No le podía estar pasando a ella, porque ella no era esa persona. Por mucho que se mirara al espejo no era capaz de reconocerse. Esa no era ella. ¿Como podía haber cambiado tanto? Los años habían pasado en ella, pero no en balde.
Martina sabe que la del espejo es ella, y le cuesta reconocerlo. El tiempo cambia a las personas, y no puede aceptarlo. Por las mejillas de Martina empiezan a resbalar las lágrimas. Pero ella no quiere llorar, y menos hoy. Se seca la cara y respira hondo. Sonríe. Sonríe a la fuerza, y se gusta más. Esta se parece más a la verdadera Martina, piensa.
Termina de maquillarse y sale.

- Dios mío Mart, ¿qué estabas haciendo ahí dentro?
- Maquillarme.- Contesta secamente.
- Amor, no sé qué te pasa ultimamente, pero estás muy insoportable.

Martina le mira friamente, y se le enternexe el alma. Sergi no tiene culpa de nada, y lo sabe. Por eso saca su mejor sonrisa y se la dedica. Y de un salto se cuelga de su cuello. Como una niña. Él la abraza fuertemente. Porque la quiere.

- Te quiero. ¿Saber Ser? Te quiero mucho. Siempre te he querido. Y voy a seguir queriéndote.

Sergi sigue abrazándola, sabe que lo ha pasado mal y por eso la abraza.

- Yo también te quiero Mart. No lo olvides jamás.

Y se van. A celebrar la Navidad. A celebrar, que depués de todo, son felices.

sábado, 10 de julio de 2010

Intro.

Eran tiempos extraños, en los que el tiempo pasaba muy despacio. Eran tiempos de inocencia, alegría e inconsciencia. Tiempos en los que la vida parecía sencilla ante ojos ajenos. Tiempos en los que una sonrisa valía más que mil palabras.

Solía decir que ella nunca cambiaría, que el tiempo no pasaría por ella, que seguiría siendo la misma. Le gustaba pensar que las cosas serían así, que el futuro sería tal y como ella se imaginaba. Ingenua.

Su vida había resultado fácil, incluso, para una persona como ella. Una vida normal, como la de la gente corriente. Como todas. Aburrida, incluso. Fácil, al fin y al cabo.

Ella era alegre y seria a la vez. Se lo tomaba todo con humor, para no tener que llorar. Pero lo cierto es que lloraba, lloraba mucho. Era una persona sensible. Muy sensible. Y tal vez, eso le hacía única.

Ella no sabía como sería su futuro. Nadie puede saberlo. Pero sabía que ella no cambiaría.